miércoles, 28 de julio de 2010

Sueño

Ingredientes

100 g. Niñez eterna
300 g. Imaginación
500 g. Sonrisas
200 g. Ganas

Procedimiento

Disolver toda la imaginación que tengamos en la cabeza en la noche que nos parezca más adecuada.
Incorporar a la imaginación los restos de niñez que nos queden dando vueltas. Cuanto más, mejor. Pero no puede bajar de los 100 g. (yo recomiendo tener disponbles altas cantidades de niñez para todo, siempre se resuelven mejor las cosas).
Utilizar las manos para amasar todo el contenido y sumarle las ganas.
Seguir amasando sin utilizar ningún tipo de utensilio extra. Incorporar las sonrisas con la boca bien abierta y con todos los dientes a la vista.
Ninguno de estos ingredientes puede faltar en la preparación. Cada uno le da un sabor diferente a la mezcla y la falta de alguno puede convertir el sueño en una pesadilla.
Se le pueden incorporar los ingredientes que cada uno quiera a esta mezcla. Algunas recomendaciones: energías positivas, confianza, tenacidad, autoestima, creatividad, incoherencia, razón y emoción.
Hornear a fuego muy lento. Si el sueño tiene una buena cocción tendrá la fortaleza suficiente para enfrentar autocríticas, críticas externas, dudas y enojos. Depende también de una buena cocción la posibilidad de cada sueño de  hacerse realidad.
Mientras se lo tenga presente, se puede dejar a temperatura ambiente sin riesgo  a que se descomponga. En cuanto se lo olvida, desaparece, se evapora dejando solo una la punta de un hilo por si algún día lo queremos volver a buscar.

Porque los sueños son solo nuestros, porque de nosotros dependen y por el bien que nos hacen, no hay razón ni emoción alguna para no soñar. Tengamos la edad que tengamos, estemos en la situación que estemos, busquemos lo que busquemos, soñemos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario