domingo, 30 de mayo de 2010

Recetas expresivas

La idea es dar recetas.
Solemos dar recetas ante cualquier situación.
Intentamos encontrar la solución para todo y nos resulta fácil pensar que con un poco de esto, otro poco de aquello, sumándole a todo pimienta y sal, llegamos al objetivo.
Pero ¿Qué pasa cuando no ponemos las manos en la masa?
Cualquier cosa menos lo que dice la receta.
Entonces, ¿por qué pensar en recetas?
Porque quizá, aplicándolas, sumándole ingredientes propios (a veces secretos por el solo hecho de no encontrarles un nombre) y siempre pero siempre condimentando a gusto, llegamos a algo (sí, escribí "algo", no se a qué llegamos).
Lo más importante de la receta es sacarla del papel, de la computadora o de donde esté escrita para darle vida.
Si le damos vida, puede funcionar. Para bien o para mal.
Todos sabemos que la receta en el papel no tiene gusto a nada. En nuestra cabeza tampoco.
Solo tienen sabor, color y olor (a veces delicioso y otras, repugnante) cuando las materializamos.
Por eso, a cocinar acciones o a accionar cocciones.
Ideas culinarias, afectivas, con sentimientos o ni tanto. Lo que se me cruce por la cabeza va a quedar plasmado por aquí.

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